Amazonas, las mujeres guerreras (I)
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Amazonas, las mujeres guerreras (I)

Amazonas, las mujeres guerreras (I)

Las primeras referencias escritas a las amazonas se remontan a la Ilíada de Homero, que nos las presenta como descendientes de Ares, dios de la guerra, y de la ninfa Harmonía. Apolonio de Rodas relata que “las Amazonas eran unos seres salvajes, brutales y agresivos. Su objetivo era la guerra. La guerra estaba en su sangre, siendo las hijas de Ares y de la ninfa Harmonía, la cual le proporcionó muchas hijas, todas ellas enamoradas de la lucha”. Los griegos ubicaban a este pueblo de mujeres guerreras en las llanuras del Cáucaso, gobernadas por una reina y limitando el rol de los hombres exclusivamente a trabajos de servidumbre. Para perpetuar su estirpe, las amazonas se unían con extranjeros, pero sólo conservaban a la prole femenina, mientras que los hijos varones eran mutilados o exterminados. Poco después de su nacimiento, a las mujeres les cortaban un seno para facilitarles el uso del arco y el manejo de la lanza. Hipócrates describe así su cuerpo: “Las amazonas no disponen de pecho derecho. Ya de bebés sus madres les aplican sobre el pecho un instrumento de bronce al rojo vivo, especialmente diseñado para la mutilación. De ese modo el crecimiento del pecho queda totalmente anulado y su fuerza se desvía hacia el hombro y el pecho izquierdos”. Se explica así el origen etimológico de la palabra “amazona”, que proviene del griego amazwn (las que no tienen seno).

Las fuentes escritas de la Grecia antigua nos presentan a la amazona como una mujer totalmente opuesta al prototipo de mujer griega, la cual no era contemplada por la ley y su lugar se veía reducido al ámbito estricto del hogar, totalmente sometida al poder del cónyuge. Las amazonas eran definidas como “antianeiras” (las que luchan como varones) o “eortpata” (asesinas de hombres). Heródoto, en sus escritos, las hace hablar de esta forma: “No podríamos vivir con vuestras mujeres. Nuestras costumbres son muy diferentes a las vuestras. Tirar el arco, lanzar la jabalina, cabalgar, éstas son nuestras artes. De asuntos femeninos no sabemos nada. Vuestras mujeres, por el contrario, no hacen nada de estas cosas; se quedan en casa en sus habitaciones, participan en las tareas del hogar, nunca salen a cazar, ni a hacer nada. Nunca estaremos de acuerdo con ellas.”

Además de oponerse al carácter “femenino” griego, las amazonas representaban también al “enemigo”. De este modo, estas guerreras se fueron identificando con “el otro”, la antítesis del ciudadano ateniense, el no-hombre, el no-hoplita. Esto se aprecia con claridad en la iconografía de la amazonomaquia después de las Guerras Médicas. Si hacemos un recorrido de la representación de la amazona en el arte griego, en sus inicios las amazonas aparecen ligadas al noveno trabajo de Heracles en su búsqueda del cinturón de Hipólita, reina de las amazonas. En estos vasos áticos de figuras negras –en torno al siglo VII a.C.-, aparecen vestidas con el peplo y armadas como hoplitas, diferenciándose de sus oponentes por el color blanquecino de su piel. Pero más adelante, después de las Guerras Médicas, en la pintura de figuras rojas aparecen ya vestidas a la manera persa, con pantalones y mangas debajo del vestido. De este modo, la amazonomaquia se transformará en la perfecta analogía de la invasión persa, haciendo referencia a los eventos acaecidos entre los años 480 y 479 a.C., y simbolizará la victoria de los griegos frente al enemigo oriental. De claras connotaciones políticas y propagandísticas, la amazonomaquia protagonizará los relieves escultóricos de monumentos públicos como el tesoro de los atenienses en Delfos (c. 490 a.C.), el templo de Zeus en Olimpia (c. 460 a.C.), el templo de Hera en Selinunte (460-450 a.C.), las metopas del Partenón (447-440 a.C.), el mausoleo de Halicarnaso (s. IV a.C.) o en el templo de Adriano en Éfeso (c. 300 d.C.).

Anna Pou Van Den Bossche

Licenciada en Geografia e Historia, con la especialidad de Historia del Arte y Máster en Pensamiento, teoría y debate en el arte del siglo XX, por la Universidad de Barcelona.

 

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