El cuento de las remeras
51027
post-template-default,single,single-post,postid-51027,single-format-standard,theme-cabin,cabin-core-1.0.2,woocommerce-no-js,select-child-theme-ver-1.0.0,select-theme-ver-3.2,ajax_fade,page_not_loaded,,smooth_scroll,pc_unlogged,wpb-js-composer js-comp-ver-6.0.5,vc_responsive

El cuento de las remeras

El cuento de las remeras

Una de las cosas que más nos sorprenden cuando nos sumergimos en el estudio de
civilizaciones antiguas es encontrar elementos que son muy familiares en nuestra propia
cultura. Tenemos varios ejemplos en relación con el antiguo Egipto, el que os vamos a
explicar es sólo uno entre muchos.
El Papiro Westcar es un texto egipcio que actualmente se conserva en el Museo Egipcio
de Berlín; debe su nombre a que fue adquirido en 1825 por el aventurero británico Henry
Westcar. Se trata de un conjunto de cuentos que nos trasladan a la época del Reino
Antiguo, aunque fue escrito mucho después, hacia el 1600 aC.
El cuento al que hoy vamos a hacer referencia es el conocido como el “Cuento de las
remeras”.
Según este relato, el faraón Snofru se encontraba triste y aburrido en palacio. Pidió
entonces consejo a Dyadyaemanj, sacerdote lector principal, quien le propuso un paseo
en barca, con una tripulación de jóvenes mujeres. El relato nos lleva pues a imaginarnos
una agradable travesía por el río, en una barca impulsada por una tripulación de remeras,
en este caso.
En un momento dado, sin embargo, la barca se detiene bruscamente. Una de las jóvenes,
al parecer la que marcaba el ritmo de la tripulación, ha perdido una joya a la que tenía un
gran aprecio. Desconsolada, no quiere recuperar la marcha. El faraón acude de nuevo a
Dyadyaemanj para recabar su ayuda. Este personaje, también un renombrado mago,
realiza entonces un prodigio que a mí, personalmente, me dejó totalmente desconcertada
cuando lo leí por primera vez: para poder encontrar la joya, ¡divide las aguas en dos!
O sea que…
¡Moisés no fue el primero!
Es más…
¡Moisés no fue el único!
En el relato egipcio, la división de las aguas se produce de forma diferente a la del célebre
paso de los judíos por el Mar Rojo: en vez de “abrirse” las aguas, el mago egipcio coloca
una mitad del río encima de la otra. Algo un poco más difícil, que para eso eran egipcios.
Y una vez recuperada la joya, la navegación y el paseo del faraón siguió su curso sin más
incidente.
Ese precedente de un episodio tan ligado a nuestra cultura judeocristiana me llevó a
pensar que quizás podría encontrar más casos similares… y así es. ¿Te has encontrado
con alguno?
Imagen: Fragmento del Papiro Westcar(Papiro de Berlín 3033), Altes Museum, Berlín.
Sin comentarios

Publicar un comentario