LA MISTERIOSA «LLUM» DE MANRESA

LA MISTERIOSA «LLUM» DE MANRESA

Corría el año 1333, los habitantes de Manresa padecían calamidades debido a una gran sequía que se prolongó durante años, hasta el punto de que muchos de ellos abandonaron la ciudad, y los que no lo hicieron no podían pagar los impuestos reales. Los campos no daban las cosechas necesarias para mantener a la población. Esta situación llevó al Consejo de la Ciudad de Manresa a buscar una solución. Ésta consistía en construir un canal que desviara parte de las aguas del río Llobregat, a su paso por Balsareny, a los pies del castillo, y llegase hasta Manresa. Se encargó el proyecto al ilustre arquitecto barcelonés Guillem Catá, pero las obras no fueron autorizadas por el Rey Pedro III hasta el año 1339.
Ese fue el año de inicio del canal conocido como la “Acequia de Manresa”, que recorre 26,7 km con un desnivel máximo de 10 m.
En su construcción, este canal pasaba por las tierras del Obispo de Vic, Galcerán Sacosta, el cual pidió a los manresanos el pago de unos impuestos para autorizar las obras dentro de su territorio, pero éstos se negaron y continuaron la construcción, lo cual enfureció al Obispo excomulgando a todos los ciudadanos de Manresa, los cuales no podían asistir a misa, bautizar a sus hijos ni dar sepultura en campo santo a sus difuntos.
Cuentan las crónicas de la época que el día 21 de febrero del año 1345 a las nueve de la mañana un misterioso haz de luz proveniente de la Montaña de Montserrat, entró por la roseta de la fachada principal de la iglesia del Carmen en Manresa, al llegar al ábside se dividió en tres rayos de luz que se repartieron entre éste mismo, la capilla de la Santísima Trinidad y la capilla de San Salvador, volviéndose a juntar en uno solo y saliendo de la iglesia otra vez hacia Montserrat. Todo ello acompañado del sonido de las campanas que empezaron a repicar solas.
Este hecho fue visto como un milagro: ante el conflicto entre los manresanos y el Obispo de Vic, Dios se ponía al lado de la ciudad. Por ello se levantó la excomunión a la ciudad y se solucionó el conflicto.
Hubo dos momentos en los cuales se paralizaron las obras: la Peste Negra azotó Europa y concretamente Manresa entre el 1348 y el 1352, diezmando la población de la ciudad a la mitad y el agotamiento de los recursos económicos (pensemos que fueron los manresanos quienes pagaron íntegramente la obra de construcción). Finalmente en el año 1383, medio siglo después de su inicio, finalizaron las obras, llegando el agua hasta Manresa.
Estamos ante una gran obra de ingeniería medieval sin precedentes, el primer trasvase documentado. Actualmente, la acequia de Manresa continúa abasteciendo a la ciudad de agua potable.
El día 21 de febrero de cada año se conmemora este Milagro en Manresa, recordando la tenacidad de sus ciudadanos y su gran coraje enfrentándose al Obispo de Vic.

Eva Mellado.

Socia co-fundadora de Antiquitas, Cultura y Humanidades.

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